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Palestina urgente (2): La política del BDS

21 00:00:00/08/2018


En julio del año 2005 la sociedad civil palestina hizo un llamado a los pueblos de la comunidad internacional y a las personas conscientes de todo el mundo al boicot, la desinversión, y a sancionar al estado de Israel hasta que este cumpla el derecho internacional y los principios universales de los derechos humanos. A un año de que la Corte internacional de Justicia declarara ilegal el muro de Israel construido en Cisjordania (que se comenzó a construir en 2000, y que ya cuenta con más de 700 km construidos), y a 38 años (hoy son 51) de la ocupación militar de la Franja de Gaza, Cisjordania y los altos del Golán (Siria), la sociedad civil palestina exige:

  1. El fin de la ocupación ilegal, el desmantelamiento del muro y la descolonización de las tierras árabes ocupadas a partir de 1967, según el consenso internacional imperante;
  2. El reconocimiento de la igualdad de derechos de los palestinos que tienen ciudadanía israelí; y
  3. El respeto y reconocimiento del derecho al retorno de los refugiados palestinos (como estipula la resolución 194 de la ONU).
Como se ve, estas demandas conciernen a las tres partes fundamentales de la población palestina que ha resultado de la fragmentación derivada del colonialismo sionista: los palestinos bajo ocupación, los ciudadanos palestinos de Israel y los refugiados, que constituyen una de las poblaciones desplazadas más numerosas del mundo.

La campaña de boicot, desinversión y sanciones (BDS), entonces, corresponde a un llamado a la acción internacional, punitiva mas no violenta, con el objetivo de presionar a Israel para que reconozca el derecho inalienable del pueblo palestino a la autodeterminación. Esta estrategia reconoce como inspiración la lucha llevada a cabo contra el apartheid sudafricano, sistema de segregación racial que favorecía ampliamente a las minorías "blancas" y que estuvo vigente hasta 1992.

En uno de los documentos centrales de la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI)[1], se propone resistir la opresión sionista oponiéndose de manera activa a la normalización que el estado de Israel pretende construir. La normalización en este contexto implica, por ejemplo, participar en cualquier instancia o evento en Israel promovido mientras este país mantenga su política genocida sobre Palestina, salvo que sea para denunciar la ocupación. Se entiende que cualquier proyecto o evento con instituciones israelíes sirve sino para normalizar las relaciones con Israel en un contexto de opresión. Las relaciones con instituciones o representantes oficiales del estado israelí constituyen una forma de normalización y aceptación de la realidad en Palestina, que dificulta la lucha por acabar con la injusticia contra este pueblo.

LA ACCIÓN DE BDS

El boicot tiene por objetivo identificar y rechazar los productos e instituciones que se benefician de la violación de los derechos humanos del pueblo palestino. Este puede expresarse como boicot de consumo, incentivando a que las personas se abstengan de comprar productos de empresas que promueven y/o facilitan el sistema de apartheid. Hewlett Packard, Caterpillar y los drones de Elbit Systems son tres buenos ejemplos. HP brinda tecnología utilizada en el sistema de identificación de los puestos de control militar instalados en Cisjordania y Gaza. Los bulldozers de Caterpillar suelen utilizarse para demoler los hogares y terrenos de cultivo de las familias palestinas (por ejemplo, la reciente demolición de la Villa Bedouin en Cisjordania, ampliamente criticada por la comunidad internacional) y los drones armados de Elbit se utilizan para atacar civiles en Gaza y son comercializados ampliamente en otros países como tecnología probada: claro, en la población gazatí.

Por otra parte es importante señalar que el estado sionista de Israel ha estado particularmente interesado en los últimos años en hacer un eficiente lavado de imagen y, en este contexto, las instituciones deportivas, culturales y académicas juegan un papel central. En las últimas semanas, hemos presenciado la polémica que generó la reubicación de la embajada estadounidense en Jerusalén, en contra del consenso internacional. Históricamente, la comunidad internacional ha rechazado sistemáticamente la reivindicación israelí de Jerusalén como su capital. Es más, bajo el derecho internacional, se ha condenado la expansiva ocupación militar sionista en Jerusalén que año tras año desposee, desaloja y destruye hogares palestinos en la ciudad sagrada.

Un ejemplo de normalización deportiva que buscaba "blanquear" la masacre de palestinos en la reciente "Gran Marcha por el Retorno", la colonización de Jerusalén y la polémica en torno a la embajada estadounidense, es el partido de fútbol amistoso entre la selección argentina y la selección israelí. En este contexto, haber jugado en Jerusalén, habría normalizado la legitimidad de Jerusalén como ciudad-capital de Israel y el derecho israelí sobre la misma; habría legitimado el actuar militar de Israel (léase, masacre) contra manifestantes en Gaza; y, en suma, ignorado el sufrimiento de palestinos y su derecho en Jerusalén. Afortunadamente, tanto el equipo técnico como la totalidad de la selección argentina, incluyendo su gran ídolo Messi, hicieron suya la causa de BDS y cancelaron unánimemente el partido de fútbol.

El boicot cultural y académico contra la campaña de lavado de imagen sionista ha tenido también grandes éxitos. Recientemente, cientos de municipalidades palestinas y organizaciones culturales, como también miles de fans y simpatizantes de BDS a través de todo el orbe, hicieron un llamado a la cantante colombiana Shakira a cancelar su concierto en Tel Aviv agendado para este 9 de junio. El anuncio de Shakira de la cancelación de su concierto en Israel constituye uno de las mayores logros de boicot cultural de los últimos años. Otros grandes artistas, como el afamado cantautor brasileño Gilberto Gil o el inglés Robert Waters, han abrazado explícitamente el BDS y cancelado conciertos en Israel, además de cientos de muchos otros. Un logro insigne del boicot académico contra Israel corresponde al aclamado científico Stephen Hawking. Tras haber impartido cátedras en Israel en 2006, Hawking criticó fuertemente los ataques militares sionistas en contra de Gaza el 2009. El 2013, Hawking renunció a su participación como conferencista en un evento académico en Israel, abrazando el BDS tras la petición de varios académicos palestinos. Resulta destacable que al llamado del BDS no sólo adhieren académicos de manera particular, dando buen ejemplo de esto las adhesiones de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia, y de los departamentos de Antropología de la Universidad Autónoma de Madrid y de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona.

EL BDS EN CHILE

En Chile, cada día existe mayor conocimiento y compromiso con la campaña del BDS. En el ámbito cultural vale la pena destacar que recientemente, decenas de escritoras y escritores chilenos se sumaron a la campaña colombiana de boicot cultural a la que adhirieron en total 500 artistas latinoamericanos. Entre los chilenos destacan Jorge Baradit, Diamela Eltit, Lina Meruane, Poli Délano, Alejandra Costamagna, Carlos Labbé, Camilo Brodsky, Cecilia Vicuña y Cynthia Rimsky.

Por otra parte, el boicot académico ha ido avanzando sostenidamente en nuestro país: emblemático en este sentido es el movimiento BDS de la Universidad de Chile (BDS Uchile, en redes sociales) que a la fecha cuenta con significativas victorias entre las que se cuentan que en abril de 2016 los estudiantes de la Facultad de Derecho adhirieron ampliamente a la campaña, en una votación en la que expresaron su voluntad de que esta casa de estudios finalice unilateralmente sus vínculos institucionales con universidades israelíes, y en la cual rechazaron la realización de actividades con representantes del Estado de Israel. Más tarde se sumaron las facultades de Ciencias Sociales, Medicina y Filosofía y Humanidades. Además, la Federación de Estudiantes Fech creó una secretaría de solidaridad con los pueblos oprimidos (Sesopo) en la que se trabajan las relaciones entre, por ejemplo, los estados de sitio en que vive la población mapuche y la palestina.

Por último, es relevante destacar que el 7 de abril de este año, la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) adhirió a la campaña del BDS considerándola como una estrategia "válida y necesaria" para poner "fin al apartheid y lograr el respeto de los Derechos Humanos y el cumplimiento del derecho internacional". La Confech hizo un llamado a estudiantes y miembros de las casas universitarias "a denunciar al régimen de Apartheid que Israel impone sobre Palestina", agregando que consideran las actuales políticas israelíes son "incompatibles con una sociedad que dice defender valores como el respeto por los DDHH, la tolerancia y la autodeterminación de los pueblos".

A nivel institucional, el gobierno chileno lamentó, pero sin condenar, los ataques israelíes en Gaza en abril de este año. El 18 de ese mes, se conformó una bancada propalestina en la Cámara de Diputados, conformada por casi 90 diputados pertenecientes al arco completo de partidos con representación parlamentaria. Todos los parlamentarios del Frente Amplio forman parte de esta bancada, en tanto que Jorge Brito (RD), Claudia Mix (Poder) son dos de sus vicepresidentes.

CONCLUSIÓN: SOLIDARIDAD ACTIVA A TRAVÉS DEL BDS A ISRAEL

Hoy más que nunca, el BDS adquiere una significación enorme y se muestra como una herramienta efectiva por parte de la comunidad internacional en contra de un estado que ejerce el apartheid y crímenes contra la humanidad, ante la mirada cómplice del resto de la comunidad de estados. Como nos muestra la historia, cada resolución condenatoria del proceder criminal de Israel que ha tenido quórum mayoritario en el Consejo de Seguridad de la ONU ha sido vetada por el gran aliado de Israel: Estados Unidos. Y si alguna resolución condenatoria y vinculante ha sido aprobada en dicho Consejo, no ha tenido ningún correlato concreto en la realidad de Palestina. Está demás decir que las tibias declaraciones diplomáticas emitidas por Europa y otros países en contra de crímenes flagrantes de Israel (por ejemplo, la reciente masacre en Gaza por la "Gran Marcha del Retorno") no se han traducido en ninguna medida concreta de sanción contra Israel. Por el contrario, las relaciones culturales, diplomáticas y económicas, incluyendo el mercado militar, siguen más vigentes que nunca. Por ello, tal como el BDS probó ser un medio efectivo para desestabilizar y terminar el régimen de apartheid en Sudáfrica, hoy en día es la forma en que cada uno de nosotros puede actuar efectivamente en solidaridad de un pueblo que resiste bajo la ocupación militar de la potencia sionista.

Por Bernardita Eltit, Felipe Lagos y Daniel Narrías

[1] "La excepcionalidad israelí: normalizar lo anormal". En BDS por Palestina. Luz Gómez (ed.). Madrid: Disenso, 2014.

Fuente: El Ciudadano