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Actualidad / Opiniones

Se ha esfumado el "sueño" israelí

16/08/2018


El pasado mes desaparecieron en las sombras del pasado los restos de un experimento social que pudo haber sido ejemplar ante los ojos del mundo: la creación de un Estado democrático enclavado en el Próximo Oriente, tradicionalmente islámico y teocrático. Ese Estado fue Israel.

Lo que en 1948 parecía el nacimiento de una sociedad igualitaria, democrática, abierta y sin prejuicios, el "sueño" de los que creían en un socialismo generoso y constructivo, fue definitivamente dinamitado el 19 de julio de 2018 al aprobarse en el parlamento israelí una ley fundamental que proclama el irrevocable carácter judío del Estado.

Ya no puede hablarse de la "única democracia de Oriente Próximo", como tan frecuentemente se ha alabado a Israel desde los círculos sionistas en el propio país y en el extranjero. El texto sobre el que se fundamentó la independencia de Israel incluía la equiparación en derechos civiles de todos sus habitantes, con independencia de su religión, raza o condición social. Esto ha pasado ya a la Historia.

La teocracia ha vencido. Israel carece de Constitución y se asemeja a otros Estados, también ideológicamente fallidos, en los que solo rigen unos inefables preceptos divinos, plasmados en coranes, biblias, talmudes u otros textos de dudoso origen, incompatibles con cualquier regulación constitucional democráticamente aprobada por la población y, por tanto, capaz de ser modificada a medida que las sociedades van evolucionando.

Los resultados inmediatos de este notable cambio en la naturaleza de Israel son evidentes. Del mismo modo que las leyes fundamentales del franquismo establecían a la religión católica como "única y verdadera" y, por ello, "inspiradora de la legislación española", el nuevo Estado de Israel, nacido el mes pasado, quedará en última instancia en manos de lo que decidan en cada momento los rabinos más influyentes y más versados en los recovecos de su religión.

Ese nuevo Estado ya no es "israelí", sino "judío". Por eso, las minorías que hasta ahora lo habitaban se convierten en ciudadanos de inferior categoría: musulmanes, cristianos? y hasta los propios israelíes carentes de religión.

Israel, con esto, rechaza de plano una posible plurinacionalidad que englobara a los que durante siglos han venido habitando las mismas tierras sobre las que se asienta Israel, quienes se ven obligados a jurar fidelidad a un Estado judío para ser considerados ciudadanos.

Así pues, una sesión parlamentaria celebrada hace unas semanas se ha dedicado paradójicamente a "constitucionalizar" un secular y mítico mandato bíblico por el que Yahvé ordenaba al pueblo elegido ocupar la tierra de Canaán, proceso que, según las propias narraciones bíblicas, implicó sangre, matanzas y fanatismos sin cuento.

En esta deriva hacia la teocracia israelí, EE.UU. ha tenido algo que ver, puesto que aceptó trasladar su embajada desde Tel Aviv a Jerusalén, rompiendo el tácito acuerdo internacional de preservar la antigua capital para uso combinado de palestinos y judíos.

La aniquilación definitiva de las esperanzas palestinas parece ser el resultado final de tan largo proceso. Proseguirán los asentamientos ilegales así como la fragmentación del territorio palestino militarmente ocupado. El idioma árabe dejará de ser cooficial y el "Estado-nación judío" pasará a ocupar en los mapas el espacio que hasta ahora venía llamándose Israel.

Un nefasto triángulo formado por EE.UU., Israel y Arabia Saudí, que se ha ido conformando durante el conflicto sirio y ahora se muestra en todo su horror en la sangrienta guerra de Yemen, anticipa un incierto panorama en Oriente. La herida palestina seguirá supurando con imprevisibles consecuencias.

Por: Alberto Piris
Fuente: República