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Desaparecido pero no olvidado: el caso de los palestinos desaparecidos

13/06/2018


Al menos 78 palestinos han sido reportados como desaparecidos desde el comienzo de la ocupación israelí en 1948.


Mulki tenía cuatro años cuando su padre fue a la guerra y tiene un único recuerdo de él.

"Llegó a la casa con su uniforme militar y llevando una caja de manzanas rojas", dijo el hombre de 55 años a Al Jazeera.

Sus hermanos mayores le decían que su padre siempre llevaba el uniforme, y que fue la primera persona en el pueblo que tenía una radio.

Una fotografía es todo lo que Mulki y sus hermanos tienen de su padre, Mahmoud Suleiman.

Mahmoud se fue a luchar en lo que se conoce como la Guerra de los Seis Días de 1967, y les prometió a sus hijos pequeños en ese momento que volvería.

Cincuenta y un años después, todavía no regresa, y ninguno de los miembros de su familia ha tenido noticias suyas.

Destino desconocido

El 5 de junio de ese año, los ejércitos árabes hicieron un llamamiento a sus ciudadanos hombres para unirse a sus filas, ya que la guerra entre ellos e Israel estaba a punto de estallar.

Mahmoud, que tenía 33 años y trabajaba para una compañía de porteros, inmediatamente atendió la llamada. Se unió al ejército jordano, cuyo gobierno había administrado Cisjordania desde 1948.

"Mi padre en ese momento estaba en casa con licencia por enfermedad porque se había roto la muñeca", informó Mulki, de 55 años, a Al Jazeera.

Mahmoud, que vivía en la aldea de Beit Ur, al oeste de la ciudad cisjordana de Ramallah, fue convocado al Segundo Batallón del Rey Hussein, que tenía su sede en la zona de Bani Yacoub en Jerusalén.

A pesar de los intentos de la familia para evitar que Mahmoud se fuera debido a su salud, insistió en cumplir con la llamada del ejército. Vestía su uniforme militar, se despidió de su familia y se fue.




Al igual que miles de otros palestinos durante la guerra, la esposa de Mahmoud y sus seis hijos huyeron a Jordania. Tan pronto como terminó la guerra, que terminó con la ocupación israelí de la Franja de Gaza, Cisjordania, la Jerusalén oriental ocupada, la península del Sinaí y los Altos del Golán sirios, la familia comenzó a buscar a Mahmoud.

"Todos buscamos a mi padre, pero no sabíamos si estaba vivo o muerto", dijo Mulki.

Después de meses de apelaciones infructuosas a la Cruz Roja y al batallón, la familia, que había perdido al sostén de su familia, comenzó a recibir una pensión del ejército jordano.

Además, el ejército anunció que Mahmoud había sido asesinado y emitió un certificado de defunción, a pesar de que no haber evidencia de su asesinato.

"Perdimos la esperanza"

Décadas más tarde, hacia finales de los 90, Mulki llamó la atención de los medios locales sobre el caso de su padre, que coincidió con las declaraciones del gobierno israelí de que había matado a decenas de palestinos que se habían infiltrado en el país desde Jordania y llevado a cabo operaciones militares.

Varios sobrevivientes de la guerra le dijeron a la familia Ouri que habían visto a Mahmoud, levemente herido, durante la batalla, confirmando que él realmente había participado en la guerra.

Sin embargo, Mulki señaló que después de años de búsqueda, apenas tiene otras historias que confirmaban de lo que le sucedió a su padre.

"No sabemos si mi padre fue martirizado y enterrado en los cementerios de los números", indicó, refiriéndose a las zonas militares cerradas israelíes que contienen fosas comunes de cuerpos palestinos y árabes desconocidos que están marcados con números.

"Teníamos la esperanza de que mi padre todavía estuviera vivo, pero después de todos estos años la perdimos", agregó.

"Ahora solo pedimos un simple derecho humano, saber dónde fue enterrado mi padre, visitar su tumba y leerle el Corán", expresó Mulki.

Peligros de cruzar la frontera

Durante la guerra de 1967, los soldados no fueron los únicos que desaparecieron en la frontera, sino también los civiles que intentaron regresar de Jordania a sus familias en Palestina. Este fue el caso de los padres de Abdel-Majeed Mustafa Hamdan, del pueblo de Aroura, al norte de Ramallah.

Abdel-Majeed, que ahora tiene 81 años, se sienta frente a su biblioteca con una pintura al óleo de su madre, Zubaida Hassan. Detrás de él hay una fotografía en blanco y negro de su padre, Mustafa Hamdan.

Estas son las únicas cosas que recuerda a sus padres, a diferencia de sus tres hermanos que hasta el día de hoy se han aferrado a la ropa de su madre y su padre.

Dos meses antes de que estallara la guerra, Zubeida había viajado a Kuwait para visitar a su hijo mayor. Cuando llegó junio, su esposo Mustafá insistió en ir a Kuwait para traerla de regreso a Palestina, temiendo que se les negara el derecho a regresar, como había sucedido anteriormente con los palestinos en 1948.

La pareja regresó a Amman en agosto y se quedó en el campamento de Al-Karama con un pariente.

"Veinticinco personas, incluidos mis padres, se preparaban para regresar a Palestina cruzando la frontera a las 3 de la mañana del 13 de agosto, a pesar de las advertencias y las historias que circulaban sobre que el ejército israelí asesinaba a quienes se infiltraran en la frontera", comentó Abdel. Majeed.

Ese fue el último día en que vieron a sus padres. Durante los siguientes meses, Abdel-Majeed y sus hermanos buscaron frenéticamente a sus padres en las cárceles, esperando que hubieran sido arrestados y no asesinados.





Luego, en febrero del año siguiente, se confirmaron sus peores sospechas.

Dos miembros del grupo que incluía a sus padres transmitieron los eventos de esa mañana antes del amanecer.

"Mis padres y el resto del grupo estaban cruzando el río Jordán, cuando dos miembros temieron seguir y volvieron", comentó Abdel-Majeed.

"Al mismo tiempo, el ejército israelí dirigió sus reflectores hacia el grupo y comenzó a disparar contra ellos".

Los dos, que sobrevivieron a la masacre, sufrieron un profundo trauma psicológico en la masacre que habían presenciado, y no pudieron hablar de lo sucedido hasta seis meses después.

Confirmaron que el ejército israelí había matado a todo el grupo frente a ellos, mientras que habían evitado la muerte escondiéndose en los pequeños arbustos.

"Escuchamos mucho sobre el asesinato de palestinos en la frontera y los cadáveres flotando en el río", dijo Abdel-Majeed.

Hasta el día de hoy, Abdul-Majeed no sabe qué pasó exactamente con sus padres, pero está seguro de que han muerto.

"Incluso hoy, no conocemos el sitio de entierro de mi padre y mi madre, que es lo único que deseamos saber hoy, para visitar sus tumbas", dice Abdul-Majeed.

"Estoy seguro de que el ejército israelí mató a mis padres ancianos y a muchos otros en la frontera. Esto es confirmado por muchas versiones, que niegan las afirmaciones de Israel sobre la transparencia del uso de armas".

"El ejército israelí perdió su humanidad y asesinó a personas inocentes, desarmadas que solo intentaban llegar a sus familias".

Dificultades para documentar a personas desaparecidas

Salwa Hammad, coordinadora de una campaña para recuperar los cuerpos de árabes y palestinos en poder de Israel, indicó que la campaña está tratando de averiguar el destino de las personas cuyas familias han denunciado la desaparición de sus seres queridos en varias ocasiones desde el comienzo de la ocupación israelí.

La campaña, que se fundó en 2008, recibe regularmente informes de familias que confirman la pérdida de sus hijos y que acusan a Israel de ser responsable de sus destinos.

Según Hammad, se ha documentado la desaparición de 78 palestinos, y el caso más antiguo se remonta a 1951.

El mayor número de personas desaparecidas documentadas se remonta a 1967, donde sus familiares han informado a 43 palestinos.

"El número real de personas desaparecidas excede el número que hemos documentado, especialmente dado que el proceso de documentación se lleva a cabo a través del contacto directo con las familias que nos brindan información y detalles sobre las personas desaparecidas", explicó Hammad.




Hammad dijo que durante el proceso de documentación de personas desaparecidas, la campaña enfrentó un problema que comenzó con la obtención de información de personas que vivían en aldeas a lo largo de la frontera, quienes dijeron que habían enterrado a decenas de personas asesinadas por el ejército israelí.

"Este problema ha complicado el rastreo y la documentación de los casos de personas desaparecidas", apuntó.

Israel no reconoce el entierro de muchos palestinos muertos en los cementerios de números, que incluyen al menos a 253 palestinos, y tampoco reconoce a los palestinos y árabes desaparecidos.

En 2017, Israel admitió la detención de solo 124 cadáveres de palestinos desaparecidos y se negó a reconocer al resto de los cuerpos retenidos o desaparecidos.

Además de los palestinos, personas de varios países árabes, incluidos Siria, Líbano y Egipto, no están en el registro.

Sin embargo, la campaña no ha podido presentarse ante los tribunales israelíes con estos archivos a través de procedimientos legales, que Hammad describe como un proceso "difícil y espinoso".

La esperanza de encontrar a las personas desaparecidas aún es fuerte entre muchas familias palestinas, que sospechan que sus hijos perdidos aún pueden estar vivos y se encuentran en prisiones secretas israelíes.

Mientras no vean el cuerpo, se aferrarán a esa esperanza de encontrarlos vivos, señaló Hammad. Es una forma de tortura psicológica, y la práctica de retener los cuerpos es una violación de la ley internacional.

Para familias como Mulki Suleiman y Abdel-Majeed Hamdan, lo único que quieren es saber dónde están sus seres queridos.

Fuente: Gone but not forgotten: The case of missing Palestinians

Copyleft: Toda reproducción de este artículo debe contar con el enlace al original inglés y a la traducción de Palestinalibre.org

Fuente: Shatha Hammad, Al Jazeera / Traducción: Palestinalibre.org