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Gaza y la Cancillería

17/04/2018


Con motivo de la primera masacre de palestinos perpetrada por Israel en la Franja de Gaza este año, con resultado de 18 muertos y más de mil heridos, la Cancillería chilena emitió un comunicado en el cual "lamenta los hechos de violencia", rechaza cualquier tipo de incitación a la violencia, insta a mantener la convivencia pacífica, afirma que continuará apoyando las conversaciones de paz, las que deberían concluir con la creación del Estado palestino, pero garantizando el derecho de Israel a existir en paz.

Para tratar de comprender el fondo de lo que quiso decir la Cancillería, resulta imprescindible poner en parangón el texto y los hechos tal como ocurrieron: se trataba de una marcha pacífica de los refugiados palestinos hacia la supuesta "frontera" de Israel, y uso el término "supuesta", ya que dicho país jamás ha determinado cuáles son sus fronteras. Más allá de su aspecto simbólico, mediante la así llamada "Marcha del Retorno", y esto debe enfatizarse, dichos refugiados hacían uso de un derecho inalienable, respaldado por el Derecho Internacional y por varias resoluciones de la ONU, cual es el de volver a la tierra de la cual fueron expulsados en 1948, con la creación del Estado de Israel, y en 1967, después de la Guerra de los Seis días. Por otra parte, cabe recordar que el mencionado derecho les ha sido negado sistemáticamente por Israel durante sus 70 años de existencia como país.

Debe señalarse también que el gobierno israelí, en previo conocimiento de la marcha, ya que su convocatoria fue pública, dispuso la ubicación de decenas de fusileros del ejército en lugares estratégicos, para contener a una multitud de civiles desarmados, en lo que podemos calificar como una acción premeditada para provocar una cantidad determinada de muertos y una cantidad terrorífica de heridos, con el fin de disuadir a los palestinos de continuar su marcha. El objetivo fue conseguido y debe consignarse que ningún soldado resultó herido, pese a los alegatos israelíes de que la marcha se trataba de una provocación de carácter terrorista. Curioso terrorismo este, que anuncia la fecha de sus acciones y el lugar del atentado con días de anticipación.

En las mencionadas circunstancias, resulta imposible e inimaginable utilizar para lo acontecido otro calificativo que el de un crimen de lesa humanidad, cometido con alevosía por un Estado que, en palabras del Presidente de Turquía Recep Erdogan refiriéndose a esta matanza, "se comporta como un Estado terrorista".

Pues bien, frente a este crimen perpetrado por Israel, nuestra Cancillería no encontró términos más adecuados que "lamentar los hechos de violencia", como si ésta se hubiera dado en forma espontánea o por casualidad y no como realmente sucedió, es decir, un hecho que denota claramente la voluntad de Israel de no permitir a los palestinos ejercer su derecho al retorno, asesinando e hiriendo a la cantidad de seres humanos que ese Estado estime necesaria para cumplir su propósito (¡sí, los palestinos también son seres humanos!, aunque la actitud de la mayoría de los gobiernos del mundo frente a su martirio pareciera decir otra cosa).

Y continúa el comunicado con una inequívoca crítica a la convocatoria a la marcha, haciendo suya la semántica israelí, cuando dice rechazar cualquier tipo de "incitación a la violencia" (¡entonces exigir un derecho en forma pacífica sería incitar a la violencia!), para posteriormente apoyar la continuación de las conversaciones de paz, en circunstancias que la matanza que comentamos es precisamente fruto de la situación creada por esta farsa constituida por dichas conversaciones que ya duran 24 años, entre un pueblo inerme bajo ocupación y la potencia ocupante, que posee el cuarto ejército más poderoso del mundo. Y así ha sido el resultado: cada día los palestinos pierden más territorio a manos de los colonos judíos ilegales.

También merece un comentario el llamado a "mantener la convivencia pacífica", afirmación que suena a escarnio, ya que es exigir lo imposible a un pueblo que vive bajo ocupación: convivir pacíficamente con un ocupante que lo somete a diario a agresiones, expropiaciones, humillaciones y asesinatos, hechos que de por sí constituyen violencia.

Y volviendo al tema del comienzo acerca del significado del comunicado, éste deja la impresión de que intentó quedar bien con todos. Sin embargo, me atrevo a afirmar que el propósito resultó fallido. Porque cuando ante un crimen a mansalva sólo se lamenta la violencia en general en vez de condenar al agresor, quiérase o no se está siendo cómplice del victimario. Y al utilizar la misma semántica que habitualmente esgrime el victimario para justificar sus crímenes, se está relativizando su responsabilidad. Por último, la preocupación que el comunicado evidencia por asegurar el derecho de existir de Israel (nuevamente la semántica israelí), resulta penosa, ya que nuestro país no tendría porqué estar preocupado por la seguridad de una potencia nuclear.

Por lo tanto, los términos del comunicado, lejos de contribuir a la paz, no hacen sino confundir a la opinión pública acerca de la identidad de los responsables del martirio del pueblo palestino y constituye un agravio y una burla gratuitos en contra del mismo. Y por extensión, también hiere profundamente los sentimientos de los más de 300 mil chilenos descendientes del pueblo de Tierra Santa, Palestina.

Manuel Hasbun Z.
Secretario General Federación Palestina de Chile