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Oh Jerusalén

07/12/2017







Resulta complejo comprender que hay tras la decisión del Presidente Trump por validar la violación al derecho internacional, puesto que de facto Israel declaró a Jerusalén en 1980 como su capital eterna e indivisible, lo cual ha sido deslegitimado a través de resoluciones de las Naciones Unidas, tales como 476 (entre otras seis que ha resuelto NU contra la anexión ilegal de Jerusalén).

Esta decisión del Pentágono, nuevamente pone en pie de guerra al mundo musulmán contra esta arbitraria decisión que sólo puede significar más caos, ingobernabilidad e injusticia en Medio Oriente y una gran inseguridad a nivel global.

Cómo entender está acción de los Estados Unidos, ¿Habrá motivaciones - intereses - desde la industria de la defensa estadounidense?, ¿será incapacidad cognitiva para comprender que va en la dirección contraria a la estabilidad mundial?, ¿o simplemente ha decidido honrar la palabra de campaña otorgada al sionismo, sin importar su costo político?.

Más allá de una respuesta a esas interrogantes, la decisión por parte de la Casa Blanca tiene efectos sobre la legitimidad de la Carta de las Naciones Unidas, que si bien ha sido denostada en varias ocasiones como la Guerra de Irak de 2003, y en otros episodios (lamentablemente demasiados) como la ocupación de Crimea a manos de los Rusos, o la violación flagrante al derecho de los refugiados tras los acuerdos entre la Unión Europea y Turquía, la acción del Presidente de Estados Unidos cruza un umbral que en ningún caso dejará indiferente a quienes sienten que occidente, una vez más, está haciendo imposiciones sobre los países musulmanes, lo que tendrá impacto desde la geopolítica (alianzas), relaciones religiosas y credibilidad del régimen internacional. Es decir, la acción de Trump indudablemente traerá complicaciones a la agenda de seguridad y legitimidad del sistema internacional.

La actual situación global, en que los líderes mundiales parecen estar más comprometidos con sus cuentas bancarias personales en paraísos fiscales, no es propicia para intermediar en estos momentos ante una decisión provocadora, que tenderá aislar más a Estados Unidos, quien no podrá seguir siendo un actor de intermediación o arbitraje para la problemática palestina - israelí. Posiblemente tras la apertura de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén, los acuerdos de Oslo deberán ser desmantelados, pegando el ?tiro de gracias? al proceso de negociación que no condujo a nada en favor de los palestinos, y que de alguna manera ha facilitado la anexión de Israel de más territorio a través de los asentamientos ilegales.

En efecto, el proceso de negociación "garantizado" por Estados Unidos concluiría con la concesión de facto a Israel de Jerusalén, violando la norma internacional y terminando cualquier apariencia de ecuanimidad por parte de un sistema de Naciones Unidas, el cual no cuenta con capacidad para hacer imperar las normas imperativas. Es decir, esta decisión lleva aparejada el fin del orden post segunda guerra mundial.

La situación descrita intensificará qué los Estados apuesten casi exclusivamente por agendas de seguridad, la cual alberga el interés por salvaguardar su posición en el contexto de un mundo confuso y más hostil, en vista a su autodefensa.

Al respecto, probablemente las razones que empujaron a reconocer a Jerusalén como capital de Israel no justifiquen sus consecuencias, tales como la construcción de un hogar judío excluyente de otras religiones, lo que no sólo repercute en el derecho de los palestinos por tener algún día su propio Estado soberano a objeto de ejercer su libertad y derechos conculcados, sino que además presenta una ofensa a la comunidad musulmana que tenderá a contrariar cualquier interés mutuo entre la Casa Blanca y las dinastías árabes, ya que les será muy complejo a sus gobiernos sofocar la indignación ante la ocupación unilateral de Jerusalén.

Estas decisiones arbitrarias han desplazado al humanismo, tanto en su vertiente laica como cristiana. Primeramente porque no consiguen articular respuestas que permitan resituar la conducta de los Estados dentro de la órbita de la moral/ ética, es decir, de sentido de protección y difusión de las personas y su dignidad. Por el contrario, se instala nuevamente la lógica única de las relaciones de poder.

La pérdida de consensos al término de la Segunda Guerra Mundial es evidente, la desconfianza de los Estados en las propias organizaciones internacionales lo avala, por lo que vamos acercándonos, a través de estas decisiones, a una descomposición del régimen internacional vigente. Siendo ésta la antesala a una reedición de un sistema internacional anárquico.

Fuente: Jaime Abedrapo, Director Federación Palestina de Chile