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Testimonio de una francesa en Palestina: ¡Buen viaje!

12/10/2017





Es para mí esencial contar lo que viví con mi esposo de nacionalidad palestina durante el viaje con destino a Palestina para demostrar la injusticia que los Palestinos viven hasta fuera del país. No se suele contar la travesía que los Palestinos tienen que vivir para poder salir y entrar en el país porque lo tenemos bastante claro: ese periplo esta vivido sobre todo por los nativos mismos y no por los turistas. Tenemos acceso a un montón de testimonios sobre la injusticia cotidiana que los palestinos deben aguantar en su propia tierra con los puestos de control, las humillaciones hechas por los soldados israelíes, las construcciones de nuevos asentamientos ilegales y del muro, la confiscación de tierras, las demoliciones de casas, los desplazamientos de personas de sus hogares, la hostilidad y las agresiones de los colonos judíos, etc. Sin embargo, la injusticia empieza antes de llegar a Palestina.

A los palestinos les cuesta salir del país puesto que es muy difícil obtener una visa, ¡pero también tienen que dar pruebas de honestidad para poder volver! Palestina no tiene aeropuerto y los palestinos no tienen derecho pasar por Tel Aviv, capital de Israel. Así que la única manera es pasar por Jordana.

Les dejo leer mi experiencia que viví como si fuera yo misma nativa pero con un punto de vista de una extranjera ofendida:

Habíamos llegado al aeropuerto de Amán, Jordana un sábado en mayo a las 6 de la mañana. Teníamos que ir a Jericó, una ciudad situada en la frontera donde se empieza el viaje. Tuvimos que darnos prisa porque era Shabát, el séptimo día de la semana judía y el día de descanso en el judaísmo, entonces las fronteras cerraban más temprano que un día normal: a las 10:30 de la mañana en lugar de las 8 de la tarde.

Después de más de 1 hora en taxi donde pude ver los paisajes desérticos de Jordana y desde lejos el mar muerto, llegamos a la frontera; cual fue mi sorpresa cuando nos dirigimos hacía la entrada con nuestras maletas muy pesadas, había un número importante de personas esperando con un alboroto enorme. No había cola hecha, las personas se empujaban, había ruidos y gritos de niños por todas las partes. Tuvimos que esperar una hora para que mi marido recibiera un sello en su pasaporte justificando que pasó por Amán, se seguía sin cola, sin organización, los jordanos nos gritaban y nos pedían siempre movernos hacía atrás para dejar espacio delante. Para explicarles un poco los pasos, los palestinos tienen que pasar 3 fronteras, la de Jordana, de Israel y de Palestina sobre...5 km más o menos, algo ridículo pero que puede tomar horas hasta un día entero si uno tiene mala suerte.

Después del sello, salimos para llegar a otro establecimiento para turistas. Hay autobuses especiales para turistas que estaban en Jordana y que quieren pasar la frontera para ir a visitar Palestina/Israel. El motivo nuestro fue informarlos que queríamos hacer el viaje juntos ya que estábamos casados y no queríamos estar separados cada uno en un autobús. Tuve que esperar largos minutos, me llamaron y allí empezaron las complicaciones: sobre el carnét de identidad palestino de mi marido todavía estaba escrito "soltero" puesto que nos casamos en Francia. Los jordanos estaban seguros y muy afirmativos; nunca Israel nos dejaría pasar juntos, me mandarían de vuelta a Jordana sola y tendría que esperar de que mi esposo cambiara su situación civil en Palestina. Intentamos saber más pero los jordanos estaban bastante arrogantes y solo nos dijeron "que cada uno haga el viaje solo como si no estuvieran juntos y que ella tome el autobús para los turistas". Mi esposo se empezaba a estresar y me dijo que teníamos que intentar lo que nos aconsejaron. Yo no estaba de acuerdo, era completamente ilógico, desde lo principio nos habíamos puesto de acuerdo para no fingir, no mentir, decir la verdad para tener menos problemas posible con los israelíes. Volvimos con las manos vacías hacia la estación de autobuses para palestinos donde teníamos que esperar las maletas. Ya había un sol muy fuerte. Fue muy difícil subir a un aútobus con esta multitud agolpada a las puertas, tuvimos que esperar que dos autobuses pasaran para poder subir. Pude subir empujando la gente como las personas solían hacer y encontrar dos sitios vacíos. El autobús arrancó después de haber esperado varios minutos. ¿Qué tipo de viaje sorpresa será?

Apenas estuvimos 20 minutos en la carretera que el autobús se paró. Fue el primer puesto de control jordano justo en medio del desierto: esperamos literalmente dos horas largas. Afortunadamente, había aire acondicionado (dos años antes, no existía en los autobuses, los pasajeros tenían que aguantar el calor). Fueron unas horas más largas de mi vida, estaba muy indignada esperar así horas sin motivo especial, sin tener ninguna información.

Además estábamos estresados con este problema de carnét de identidad, ya me estaba imaginando regresar a Amán y haber hecho este trayecto para nada. Estábamos imaginando todos los casos en concreto que podían ocurrir, era muy estresante no saber lo que iba a pasar y es muy injusto vivir esto. Después, quise ir al baño pero no había ninguna instalación hecha para esto, ni en el autobús o afuera. Había alambres de púas en cada uno de los lados del camino con el suelo lleno de minas seguro así que la única opción posible era aguantar. Tenía mucha admiración hacía estos pasajeros palestinos, nadie se quejaba, no había ningún ruido, tampoco de parte de los niños. Por supuesto están acostumbrados esperar y esperar sin protestar.

Mientras estábamos esperando parados, dos autobuses de turistas nos adelantaron sin parar ni un minuto, dos autobuses VIP, por favor...Después de haber pasado ese primer puesto de control, llegamos al segundo puesto de control, esta vez Israelí, o sea la segunda frontera. Tuvimos que esperar otra vez una hora. Ningún soldado subió al autobús para controlar como lo suelen hacer normalmente. Ya hubo hace tiempo algunos palestinos que fueron asesinados en este puesto de control así que estábamos todos muy callados. Finalmente, bajamos del autobús para acceder al puesto de control, tuvimos que pasar por 3 controles de identidad y tomamos 1:30 en total. Después de haber hecho la cola fuera durante 20 minutos expuestos al sol del desierto y muriéndose de calor, pasamos el primer control, el más sencillo. Debíamos decir cuentas maletas teníamos con nosotros.

Me acerqué de la taquilla donde había una mujer revisando y entregue mi pasaporte : tengo dos pasaportes, el francés y el americano, solo tenía conmigo el pasaporte americano. Cuando la mujer vio mi pasaporte, me pidió cual era el vínculo que tenía con mi marido en un inglés muy mal hablado; le dije que era mi esposo y me miró abriendo los ojos como platos y me pidió repetir lo que había dicho. Seguro que no se lo podía creer que una americana estuviera casada con un palestino. Su tono de voz se cambió enseguida y pidió algo a mi marido en un árabe entrecortado. Ya que no habíamos entendido nada de lo que quería, nos gritó preguntando otra vez en árabe, en fin solo quería saber cuántas maletas teníamos con nosotros...Para calmar los ánimos, le pedí donde podíamos cambiar euros a shekel y sin mirarme, me mandó a pasar; contestándome "over there" ("por allá").

Después de una pausa merecida, nos dirijamos al segundo control israelí, otra mujer que parecía más simpática que la primera nos pidió varias preguntas como: que íbamos a hacer allí, que ciudades querríamos visitar en Cisjordana, donde íbamos a vivir, etc. También le dijimos que querríamos visitar a Israel si daban un permiso a mi esposo. Me preguntó si tenía otra nacionalidad y si tenía el pasaporte francés conmigo y cuando le dije que no, no me preguntó nada sobre mis viajes anteriores. Selló el pasaporte de mi marido y no el mío avisándonos de que iban a llamarme dentro de 10 minutos, y añadió cuando cruzó la mirada intranquilizada de mi marido "don't worry" ("no se preocupen").

Tercer y último control israelí. Quince minutos después, un soldado me llamó por mi nombre, era joven y sonriente diciéndole a mi esposo que podía quedarse con nosotros. Nos preguntó las mismas preguntas que las de la mujer para ver si concordaban, estaba apuntando todo. Luego de esto, nos dijo que lo tenía que ver con su superior para ver si yo podía entrar ya que sobre el carnet de identidad de mi esposo esta descrito "soltero". Los jordanos tenían razón sobre ese punto. Esperamos 20 minutos, fueron los minutos más estresantes y largos de todo el viaje. Pero a la vez, era un poco paradójico, me sentía en confianza: habíamos dicho toda la verdad. Tenía una migraña enorme, no quería pensar en una respuesta negativa e imaginarme volver a hacer todo ese largo periplo en sentido inverso en un mismo día. Mientras esperábamos, este mismo soldado estaba hablando con una turista a 30 metros de nosotros, la turista perecía muy afectada por la noticia que el soldado le estaba informando y seguía repitiendo "¿Pero por qué? ¿Por qué hacen eso?", estaba casi llorando.

En Israel, pueden rechazar a cualquier persona sin dar ningún motivo; si sospechan algo sin tener verdaderas pruebas, no les importa. Pueden rechazar, poner una persona en la lista negra por años, o para siempre si quieren. Se hace en nombre de la seguridad antes de nada. También matan a palestinos en nombre de la seguridad y nadie les impedirá seguir actuando así. Sin añadir todos los juicios ilegales donde envían a palestinos a la cárcel sin pruebas. Nada de esto podría suceder si Israel no gozase de la cultura de impunidad que le permite actuar por encima de la ley. Una mujer apareció y me llamó, me dijo "tiene el permiso de entrar por parte de la Autoridad Nacional Palestina" devolviéndome mi pasaporte.

Estábamos muy contentos y salimos enseguida para ir a recuperar las maletas. Miré mi pasaporte y estaba escrito en el sello "Palestinian authority only", eso quería decir que Israel no me dio el permiso entrar en el país...Bueno, por lo menos estaba en Palestina, y eso era lo más importante. Nos quedábamos la última frontera, la palestina, la más sencilla de todas y la única que tendría que existir por allá. Como lo podrán constatar, a nadie le gustaría vivir este tipo de viaje más que una vez en su vida, sin embargo los palestinos tienen que aguantar cada vez que salgan y entren en el país. Es algo completamente absurdo y humillante lo de deber vivir eso para poder entrar en su PROPIO país.

Como lo sabemos, el destino de cada pueblo es vivir libre, y aunque son generaciones que han vivido sin poder ejercitar sus derechos durante 50 años de impunidad, aunque es una población completamente subyugada por el dominio militar de una potencia extranjera, nunca se ha rendido y nunca lo hará. A pesar de los 50 años de ocupación, los palestinos no dejarán pedir sus derechos, son muy bien educados y saben cuáles son los derechos básicos que deben tener. Como escribió el poeta nacional Mahmud Darwish, la voluntad del pueblo palestino es: "Estar aquí, quedarse aquí, permanentemente aquí. Tenemos una meta, una meta, una meta: ser, y seremos".

Fuente: "Lâme", Máster en Cooperación Internacional con el mundo árabe